Los aranceles antisubvención que la Unión Europea impuso a los coches eléctricos fabricados en China no están frenando su expansión en el continente. Según los últimos datos de la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA), las marcas chinas ya representan casi uno de cada cinco vehículos eléctricos de batería (BEV) vendidos en la Unión Europea, frente a poco más de uno de cada seis apenas un año antes.

Un crecimiento que desafía la lógica de los aranceles
La Unión Europea impuso en octubre de 2024 aranceles antisubvención a los coches eléctricos importados desde China, que en algunos casos superan el 35% y que se suman al arancel estándar del 10% que ya se aplicaba a cualquier importación de automóviles desde fuera de la Unión. El objetivo declarado era proteger a la industria europea frente a lo que Bruselas considera una competencia desleal, basada en las fuertes subvenciones estatales que reciben los fabricantes chinos. Sin embargo, los datos de los primeros meses de 2026 muestran que esa barrera comercial apenas ha frenado el avance de las marcas asiáticas: entre enero y abril, se vendieron en Europa unos 400.000 coches eléctricos procedentes de China, una cifra que representa un crecimiento del 27% respecto al mismo periodo de 2025.
No solo son marcas chinas: también fabricantes europeos y americanos
Un matiz importante en este debate es que no todo ese volumen corresponde a marcas propiamente chinas como BYD, MG, SAIC, Nio o Geely. También se incluyen en esa cifra los vehículos que fabricantes europeos y americanos producen en plantas chinas para su venta en Europa, entre ellos determinados modelos de Tesla. Esta circunstancia ha generado situaciones paradójicas dentro de la propia industria europea: el CUPRA Tavascan, fabricado en China, ha visto lastradas sus ventas y su competitividad de precio precisamente por unos aranceles que en teoría estaban pensados para proteger a la industria local.
El nuevo mecanismo: precios mínimos en lugar de aranceles
Consciente de que la vía puramente arancelaria no está dando el resultado esperado, la Comisión Europea ha empezado a explorar una alternativa: sustituir, o al menos complementar, los aranceles por un sistema de precios mínimos de venta. Bajo este mecanismo, los fabricantes chinos que quieran evitar los derechos compensatorios deberán comprometerse a vender sus vehículos eléctricos en Europa a un precio no inferior al de modelos comparables fabricados sin subvenciones en suelo europeo. Para ello, deberán presentar una solicitud ante las autoridades europeas y coordinar sus precios mínimos, en un proceso supervisado por un tribunal comunitario. La Comisión ya ha hecho oficiales las directrices que aclaran cómo se calculará ese precio de referencia, aunque las negociaciones con las autoridades chinas siguen abiertas.
Qué supone este cambio para las marcas chinas
El cambio de paradigma es significativo: hasta ahora, muchas marcas chinas optaban simplemente por asumir el coste del arancel y seguir compitiendo agresivamente en precio. Con el nuevo mecanismo de precios mínimos, esa estrategia deja de ser viable, ya que el margen de maniobra para competir exclusivamente a base de precio bajo se reduce de forma directa. Las marcas tendrán que decidir entre seguir pagando los derechos compensatorios existentes o ajustarse a los precios mínimos fijados, lo que en la práctica limita su principal ventaja competitiva frente a los fabricantes europeos.
Qué significa para el comprador español
Para cualquiera que esté valorando comprar un eléctrico chino en los próximos meses, la tendencia deja una lectura clara: el margen para encontrar gangas extremas procedentes de marcas asiáticas podría irse reduciendo a medida que se implante el sistema de precios mínimos, aunque en el corto plazo la oferta sigue siendo muy amplia y competitiva. En paralelo, y como hemos visto con lanzamientos recientes en el mercado español, algunas marcas chinas están apostando por fabricar directamente en Europa (como es el caso de Geely, que producirá su E2 en la planta de Ford en Almussafes) precisamente para esquivar estos aranceles y ofrecer precios más agresivos sin depender de la importación directa desde Asia. Es una estrategia que previsiblemente veremos repetirse en los próximos años, a medida que la presión regulatoria europea siga aumentando.