El Salón de Múnich, conocido oficialmente como IAA Mobility, ha dejado atrás su identidad como feria tradicional del automóvil para convertirse en algo más parecido a un congreso tecnológico sobre ruedas. Con la edición de 2025, la transformación queda definitivamente confirmada: el evento apostará de forma exclusiva por la movilidad eléctrica y el software como ejes vertebradores de toda su propuesta. No es una tendencia pasajera. Es una declaración de intenciones sobre hacia dónde se dirige la industria automotriz global.

De salón clásico a plataforma tecnológica

Durante décadas, el IAA de Fráncfort —precursor del actual salón en Múnich— fue uno de los grandes escaparates del motor mundial, donde los fabricantes competían por presentar los modelos más espectaculares o los motores más potentes. El traslado a Múnich en 2021 marcó un punto de inflexión, no solo geográfico sino conceptual.

Desde entonces, el enfoque ha girado progresivamente hacia la electromovilidad, la conectividad y el software definido por vehículo, dejando cada vez menos espacio a los motores de combustión interna. Para 2025, esa transición parece completarse: el evento reafirma que su razón de ser ya no es mostrar automóviles en sentido convencional, sino proyectar la movilidad del futuro.

Esta decisión no está exenta de controversia. Algunos fabricantes tradicionales europeos —especialmente los vinculados a motores de combustión— han manifestado en distintos momentos sus dudas sobre un formato que, consideran, no refleja la diversidad real de la demanda del mercado. Sin embargo, la dirección del salón parece convencida de que posicionarse como referente global de la transición energética es una ventaja estratégica, no una limitación.

El software: el nuevo motor de la industria

Si los vehículos eléctricos son la cara más visible del IAA Mobility 2025, el software es su columna vertebral invisible. La industria automotriz lleva varios años asimilando una realidad que hasta hace poco resultaba incómoda para muchos de sus actores: el valor de un automóvil moderno depende cada vez más de su arquitectura digital que de sus componentes mecánicos.

El concepto de Software Defined Vehicle (SDV), o vehículo definido por software, ha pasado de ser una expresión de nicho a convertirse en la brújula estratégica de prácticamente todos los grandes fabricantes. En Múnich 2025, este paradigma tendrá un protagonismo central, con espacios dedicados a plataformas de actualización remota, inteligencia artificial aplicada a la conducción y ecosistemas digitales integrados en el habitáculo.

La competencia en este terreno ya no se da únicamente entre marcas alemanas, japonesas o surcoreanas. Empresas de software, startups tecnológicas y gigantes de la industria digital también participan activamente en el ecosistema del IAA, algo que hace apenas una década habría resultado impensable en el contexto de una feria del automóvil.

¿Qué marcas y tecnologías centrarán la atención?

Sin adelantar confirmaciones oficiales que aún no se han producido en su totalidad, el perfil del IAA Mobility 2025 apunta a una fuerte presencia de:

  • Plataformas eléctricas de nueva generación, con mayor autonomía, tiempos de carga reducidos y arquitecturas más eficientes.
  • Soluciones de conducción asistida y autónoma, con especial énfasis en los sistemas de nivel 2+ y nivel 3.
  • Interfaces digitales avanzadas, donde la experiencia del usuario dentro del vehículo se acerca cada vez más a la de un dispositivo tecnológico de consumo.
  • Infraestructura de recarga y gestión energética, un aspecto crítico para la adopción masiva del vehículo eléctrico que el salón busca integrar de forma coherente.

La movilidad urbana sostenible, incluyendo patinetes, bicicletas eléctricas y soluciones de microtransporte, también tendrá su espacio, reforzando la visión integral del evento como plataforma de movilidad más allá del automóvil privado.

Una apuesta con riesgos y oportunidades

El enfoque exclusivo del IAA Mobility 2025 no está libre de tensiones. En un contexto europeo donde el debate sobre la prohibición de los motores de combustión para 2035 sigue generando fricciones políticas y empresariales, apostar de forma tan decidida por la narrativa eléctrica puede parecer, para algunos, un ejercicio de voluntarismo prematuro.

Sin embargo, desde una perspectiva estratégica, la lógica es sólida. Los salones del automóvil tradicionales han perdido relevancia de forma notable en los últimos años. Ginebra canceló su edición varias veces. Detroit ha reducido su escala. Fráncfort perdió fuerza. Múnich, en cambio, ha encontrado en su reposicionamiento tecnológico una fórmula para mantenerse en el mapa de los eventos globales de referencia.

Para la industria, el IAA Mobility 2025 representa una oportunidad de mostrar avances reales en una transición que, con sus complejidades, sigue siendo inevitable. Para el consumidor y el observador especializado, es uno de los mejores termómetros disponibles para medir a qué velocidad se está transformando realmente el mundo del automóvil.

El Salón de Múnich ya no es solo una feria. Es, en cierto modo, un manifiesto en movimiento.