A medida que el parque de coches eléctricos crece en España y en Europa, empieza a ganar peso una pregunta que hasta hace poco quedaba en un segundo plano: ¿qué ocurre realmente con la batería de un eléctrico cuando ya no rinde lo suficiente para mover el coche? Un reciente informe recogido por Euronews advierte de que más de un millón de baterías de vehículos eléctricos podrían llegar al final de su vida útil en Europa antes de 2030, convirtiéndose en uno de los flujos de residuos que más rápido crecen del mundo. La buena noticia es que la industria lleva años preparándose para este momento, y el proceso es mucho más sofisticado de lo que mucha gente imagina.

Primera fase: la batería no muere, se transforma
Contrariamente a la idea de que una batería «agotada» se convierte automáticamente en residuo, la realidad es que la mayoría de baterías de coche eléctrico conservan entre un 70% y un 80% de su capacidad original incluso después de 10-15 años de uso en automoción, el punto en el que suele dejar de resultar rentable para mover un vehículo. Esa capacidad restante sigue siendo perfectamente válida para aplicaciones menos exigentes, lo que da lugar al concepto de «segunda vida»: estas baterías se reutilizan como sistemas de almacenamiento energético estacionario, tanto en hogares como en instalaciones industriales, sirviendo por ejemplo para acumular energía solar, dar respaldo eléctrico a edificios o ayudar a estabilizar la red eléctrica. Esta segunda vida puede extender su utilidad entre 5 y 10 años adicionales antes de que la batería llegue realmente al final de su ciclo.
España, con un papel destacado en la investigación europea
Uno de los datos más interesantes para el lector español es que buena parte de la innovación europea en este campo tiene acento local. La Unión Europea financia el proyecto BATRAW, coordinado por el centro tecnológico catalán LEITAT, cuyo objetivo es sustituir el desmontaje manual y lento de las baterías por sistemas semiautomatizados capaces de desensamblarlas de forma segura mientras recuperan alrededor del 95% de sus componentes, además de facilitar precisamente esa segunda vida útil para las celdas que todavía conservan capacidad suficiente.
En cuanto a plantas de reciclaje ya operativas en España, destacan Novocycle, en Cubas de la Sagra (Madrid), con capacidad para procesar hasta 30.000 toneladas anuales, y BeeCycle, en Martorell (Barcelona), fruto de una alianza entre SEAT y varios socios tecnológicos, situada muy cerca de la propia sede de MundiAutos en el área metropolitana de Barcelona.
Cómo funciona el reciclaje final
Cuando una batería ya no es apta para ningún uso, ni siquiera estacionario, entra en la fase de reciclaje propiamente dicho. El proceso arranca con una trituración mecánica controlada que genera la llamada «black mass» o masa negra, un polvo rico en litio, cobalto, níquel y manganeso. Posteriormente, mediante procesos de hidrometalurgia, se recuperan estos metales críticos con una pureza que puede alcanzar el 99,9%, permitiendo fabricar celdas nuevas sin depender exclusivamente de materias primas extraídas de cero. Según cálculos del sector, España podría aspirar de cara a 2030 a una recuperación efectiva de entre el 80% y el 90% para cobalto, níquel, cobre y plomo, y de entre el 60% y el 80% para el litio, si se acelera la inversión en plantas comerciales.
El pasaporte de batería, la gran novedad normativa
A partir de 2027, el Reglamento Europeo de Baterías obligará a que cada batería de coche eléctrico comercializada en Europa incorpore un «pasaporte de batería» en forma de código QR, con información sobre su composición química, su huella de carbono de fabricación, su estado de salud (SoH) actual y su historial completo de uso, incluidos ciclos de carga e incidencias. Más allá de facilitar enormemente el proceso de reciclaje, este pasaporte tendrá una utilidad muy directa para el comprador de coches de segunda mano: por primera vez podrá conocer con precisión el estado real de la batería de un eléctrico usado antes de comprarlo, un dato que hasta ahora resultaba difícil de verificar con certeza.
La conclusión es tranquilizadora para quien se plantea dar el salto al coche eléctrico: lejos de ser un problema sin resolver, el fin de vida de las baterías está siendo abordado por la industria europea, y en buena parte también española, con una infraestructura cada vez más sólida.